lunes, 15 de julio de 2013

HEMINGWAY Y BOSCH: UNA AMISTAD LITERARIA Y REVOLUCIONARIA

0 comentarios
Por Jesús Méndez Jiminián 


“El sol se estaba poniendo. Para darse más confianza el viejo recordó aquella vez, cuando, en la taberna de Casablanca, había pulseado con el gran negro de Cienfuegos que era el hombre más fuerte de los muelles. Habían estado un día y una noche con sus codos sobre una raya de tiza en la mesa y los antebrazos verticales, y las manos agarradas. Cada uno trataba de bajar la mano del otro hasta la mesa. Se hicieron muchas apuestas y la gente entraba y salía del local bajo las luces de kerosenes, y él miraba al brazo y la mano del negro y a la cara del negro. Cambiaban de árbitro cada cuatro horas, después de las primeras ocho, para que los árbitros pudieran dormir”.

 Ernest Hemingway en “El Viejo y el Mar” 


¿Qué tuvieron en común Ernest Hemingway y Juan Bosch?

Hasta ahora, que sepamos, Hemingway y Bosch no se conocieron en los trabajos organizativos de la expedición armada de Cayo Confites (1947), en la que ambos participaron y cuyo propósito era llegar a tierras dominicanas desde Cuba, y derrocar a la tiranía de Rafael L. Trujillo, que en ese entonces tenía más de tres lustros.

Lo que sabemos es, que Bosch a inicios de los años 80 del siglo pasado, declaró que mantuvo una amistad fugaz con el destacado novelista norteamericana “debido  a sus paralelas ocupaciones”. Pues, como conocemos, Bosch durante su exilio en La Habana, Cuba, donde había llegado en 1939, se dedicó a tiempo completo a dos de sus grandes pasiones: la política y la literatura.


Y sobre la primera, había llegado prácticamente de manera fortuita, pues, apenas había pisado suelo cubano fue absorbido por algunos de sus compañeros de exilio en tales actividades. Ya en el campo literario tenía algunas publicaciones; y en 1938, estando en Puerto Rico había trabajado  en las obras del eximio patriota Eugenio María de Hostos y Bonilla. 

Juan Bosch 
Hemingway, por su lado, residente desde hacía pocos años entonces, en La Habana, pero no exiliado políticamente, sino por sus  constantes conflictos amorosos, estaba dedicado también a la literatura, a la vida bohemia habanera, y a los prolongados y frecuentes viajes que  realizaba como parte de sus experiencias para sus obras literarias.

Tanto Hemingway como Bosch se dedicaron al género del cuento y de la novela. Tenían ambos similares inquietudes políticas; y además, una verdadera pasión revolucionaria por cambiar el rumbo de muchas cosas del mundo en que les tocó vivir.

Hemingway y Bosch escribieron, por su lado, dos cuentos que según algunos críticos literarios guardan mucha coincidencia. El doctor Joaquín Balaguer, escritor y político dominicano, fue lejos en su apreciación respecto a los cuentos “El viejo y el mar” del laureado escritor norteamericano, y a “Rumbo al puerto de origen” de Bosch, argumentando la notable coincidencia de ambos trabajos.

El Doctor Balaguer con relación a ambos  cuentos, llegó a opinar, en una entrevista que le hicieron, lo siguiente:

Los cuentos de Bosch son cuentos de primera categoría, de primera clase. Inclusive hay algunos  de él que han sido hasta plagiados por escritores eminentes. Hay uno que fue copiado – dijo el doctor Balaguer – por el escritor norteamericano Hemingway. Una vez  - prosiguió señalando – hablaba yo con el ex - presidente de Costa Rica, Figueres, y hacíamos precisamente, alusión a la coincidencia que había entre el trabajo de Hemingway y el de Juan Bosch”.


Posteriormente, Bosch con la gran honestidad que le caracterizó durante toda su vida, negó, lo dicho por el doctor Balaguer, de que se trataba de un plagio aquello y que sólo había tal coincidencia. Y señaló, lo que a continuación copiamos:

“Me parece que la palabra justa la dijo el Dr. Balaguer - indicó Bosch -: coincidencia. Es verdad que ´El viejo y el mar´ de Ernest Hemingway tiene algo en común con mi cuento ´Rumbo al puerto de origen´ en el tema, no en el estilo; pero eso se explica porque los dos éramos pescadores, o tal vez sería mejor decir que él era un pescador de concursos internacionales donde quiera que corría el pez espada, más conocido por su nombre inglés de bluemarlin, y yo era un pescador aficionado anónimo, pero los dos pescábamos en las mismas aguas, él cerca de La Habana hacia el Este y yo también cerca pero hacia el Oeste, y en ciertas ocasiones entre Batabanó e Isla de Pinos, esto es – dice Bosch -, por la costa sur de la provincia de La Habana. Tal vez eso explique que él conociera a un pescador cubano viejo, que fue el personaje de su libro, y yo conociera a Juan de la Paz, que es el personaje de ´Rumbo al puerto de origen´; y no es nada raro que dos cubanos se parezcan en su manera de enfrentar la vida. Tampoco es nada raro que un episodio ocurrido aquí y ahora se parezca a otro ocurrido en un país lejano hace tiempo. Por ejemplo – continúa señalando Bosch -, mi cuento ´Fragata´ se parece mucho a ´Bola de Sebo´ de Guy de Maupassant, porque ´Fragata´, una  joven de La Vega que vivía frente a casa cuando yo era un niño, a quien llamaban por mal nombre no de Fragata sino de Mariguana, se parecía a la protagonista del cuento de Maupassant no sólo en que era muy gorda – en realidad, obesa – y prostituta, sino también en que tenía sentimientos muy finos. Por eso cuando se publicó ´Fragata´ en Cuba yo le puse una llamada al pie en la que decía que ese cuento era un homenaje que la vida le había hecho a Guy de Maupassant en una isla del Trópico. Por lo demás, Hemingway trabajaba sus cuentos y sus novelas muy cuidadosamente y por esa razón tardaba años en escribir  un libro, y entre la publicación de ´Rumbo al puerto de origen´ y la de ´El viejo y el mar´ no pasó tanto tiempo, lo que es un indicio para pensar que cuando salió mi cuento ya que el suyo estaba concebido y tal vez  escrito en gran parte”.

Al hacer referencia a sus relaciones amistosas con Hemingway, Bosch expresó, lo que a continuación copiamos:

Sí las mantuvimos (las relaciones de amistad, n. de j.m.j.) pero no prolongadas por dos razones; una que Hemingway viajaba mucho, sobre todo en expediciones de pezca  y de caza que lo llevaban lejos de Cuba, algunas veces hasta el África;  la otra, que era adicto al daiquirí, un trago cubano que tiene entre sus componentes el ron Bacardí, y yo no lo acompañaba en ese vicio. La mayor parte de las veces nos veíamos en un restaurant muy conocido (en la Habana, n. de j.m.j.) llamado el Floridita que estaba cerca del lugar donde yo vivía y por esa razón tenía que pasar por su acera, y si Hemingway estaba bebiendo, lo que hacía siempre de pie ante el mostrador, me llamaba y charlábamos, casi nunca de literatura sino sobre todo de amigos comunes. Cuando escribió – dice Bosch - ´El viejo y el mar´ hacía tiempo que no nos veíamos porque yo me había mudado y por tanto no tenía que pasar todos los días a medio día por las puertas del Floridita”.


El Floridita continúa dando sus servicios en La Habana; la última vez que tuve la oportunidad de estar en La Habana Vieja (2008) estuve allí. Vi al Hemingway esculpido como si estuviese “vivo” dando órdenes a los mozos, para que le trajesen otro daiquirí. ¡Ah, y algo que no podemos dejar de señalar! y es que, Hemingway cuando leía la prensa cubana o algún libro de la época, se enfurecía si alguien lo molestaba o trataba de distraerlo, y hasta los puñetazos se iba con el que interrumpía su lectura “concentrada”.

Muchas veces tuvieron los mozos el “trabajo” de intervenir para separar al gigantón Ernest Hemingway, que usualmente iba vestido de pantalón corto y poloshirt y sandalias, de algún inquilino, que en el Floridita osaba de distraer su atención. Las peleas de él con algunos parroquianos fueron muchas. ¡Y hasta botellazos! hubo, me contaron algunos mozos que todavía recuerdan al viejo Ernest.

Heminway  y Spencer Tracy en la Barra del Floridita, en 1955

Hemingway, además del Floridita, era aficionado a otros lugares muy famosos hoy día, en La Habana, por los tragos y la excelente comida que en ellos sirven, todos los cuales, tuve la dicha de visitar durante mi última estadía en La Habana. Andaba yo, pues, siguiéndole los pasos a Hemingway en sus continuas andanzas y borracheras habaneras.

Esos lugares son: La bodeguita del medio,  muy famoso también por los tragos, y donde hoy día pueden verse fotos gigantescas de Hemingway  y otras grandes figuras del arte y la literatura cubana y universal. Pero, también hay un excelente lugar en La Habana Vieja famoso por su deliciosa comida española: El Zaragozana, hoy completamente remodelado.

Hemingway, me cuentan, visitaba aquel lugar cuando tenía en Finca Vigía, su mansión en las afueras de La Habana, en San Francisco de Paula, a invitados especiales. Grandes figuras como Spencer Tracy, Humprhey Bogart, Adriana Ivancich y su familia, Fred Zinneman, entre otros, desfilaron con Hemingway por aquel lugar.

Heminway y un grupo de amigos en su Finca Vigia de Cuba

Pero, volvamos nuevamente a la relación de amistad de Hemingway y Bosch. Con relación a la figura de Hemingway, y su valoración como escritor, Bosch señaló su parecer indicando  lo siguiente:

Ernest Hemingway fue un escritor extraordinario y un cuentista de primera línea. Cuidaba y manejaba la palabra – apunta Bosch – como un orfebre trata el material con que está haciendo una joya. Naturalmente, escribía para el lector norteamericano, pero vivía en Cuba, en un lugar llamado San Francisco de Paula, que estaba en las afueras  de La Habana, y quería a Cuba  con verdadero amor. Su obra – dijo Bosch -  es literariamente maravillosa y muy estimulante desde el punto de vista humano (…)”.

Juan Bosch durante su exilio en España  
Poco después de lo de Cayo Confites (1947) sucedieron estos encuentros fugaces entre Hemingway y Bosch. Cuando entraba de lleno  la década de los años 50 del siglo pasado, la vida de Ernest Hemingway entraba en declive, producto de lo maltratado que estaba su organismo, debido a los aparatosos accidentes que sufrió y al abuso del alcohol. Bosch, por su lado, más apegado a la política surgía como una nueva estrella política en América.

Hemingway  ganó el Premio Nobel de Literatura  en 1954 por su obra “El viejo  y el mar”. Bosch ganaría la Presidencia de la República Dominicana un año después de que Hemingway se suicidara (1961) y, Trujillo desaparecía del escenario de los tiranos en América, a los cuales tanto él como Hemingway habían combatido toda su vida.



La Habana, Cuba
Julio de 2008. 

sábado, 18 de mayo de 2013

HARRIET BEECHER-STOWE EN LAS CRÓNICAS MARTIANAS Y MI VISITA A SU HOGAR

0 comentarios

Por Jesús Méndez Jiminián

“La vida se ha de llevar con bravura y a la muerte se la ha de esperar con un beso”.
  José Martí (1853-1895)

        Dos extraordinarias mujeres de la literatura norteamericana, ambas novelistas del siglo XIX, ocupan lugares preferenciales en las crónicas escritas por José Martí en los Estados Unidos (1881-1892): Helen Hunt Jackson y Harriet Beecher-Stowe.
 La primera, escribió una dramática historia de los indios en el Norte, cuyas desdichas son magistralmente descritas en las páginas de la novela titulada Ramona, que fue traducida más tarde por Martí al español, y dada a conocer por él en la República Dominicana, durante su primera visita, en septiembre de 1892. La Jackson, nos comenta Martí, falleció “escribiendo una carta de gracias al Presidente Cleveland (1837-1908) por la determinación de éste a reconocer ser de hombre y derecho a justicia en la gente india.”

De la otra gran mujer norteamericana, Harriet Beecher-Stowe (1811-1896), dijo Martí, que “abrió en los Estados Unidos los corazones a piedad de los negros, y nadie ayudó a libertarlos más que ella…”

Beecher –Stowe es la célebre autora de la popular novela La Cabaña del Tío Tom (1852), que llegó a convertirse en una de las más leídas en toda Norteamérica. Su autora la publicó por entregas durante un año en el periódico abolicionista The National Era (La Era Nacional). El último capítulo salió el 1 de abril de 1852. Una semana antes, un editor de Boston, John P. Jewet, llevó la obra al formato de libro. En su primer año de circulación se vendieron,  en Estados Unidos, 350,000 ejemplares. Al año siguiente llegó al medio millón. En 1862, en plena Guerra de Secesión, la señora Stowe fue presentada a Abraham Lincoln. Las palabras que le dirigió el Presidente han sido repetidas una y otra vez cuando se habla de La Cabaña del Tío Tom: “De modo que usted es la mujercita que originó esta gran guerra”, le dijo. Me las repitió, además, el guía de los Monumentos Históricos al visitar su hogar en el otoño pasado.

Martí en una de sus crónicas, específicamente, la publicada en La Nación de Buenos Aires, Argentina, el 4  de diciembre de 1885, llegó a decir de la novelista Beecher-Stowe, que ella “no tuvo…miedo en describir…” con “revelaciones tremendas” la difícil vida de los esclavos en Norteamérica. Los Estados Unidos por aquellos años tenían unos 50 millones de almas; y a los indios y a los esclavos  no les era permitido entonces entrar a las ciudades, sentarse en un pupitre en las escuelas, y mucho menos expresar sus sentimientos. Martí decía al respecto: “Todo hombre esclavo es así; no es el indio sólo: por eso son tan crueles las revoluciones que vienen tras de las prolongadas tiranías (…) Un esclavo es muy triste de ver; pero aún es más triste un hijo de esclavo”.

En otra crónica martiana escrita el 3 de enero de 1887, en Nueva York, y publicada en la Nación el 25 de febrero del mismo año, aparecen ambas autoras norteamericanas. Martí, comenta el hecho de que por esos días, en una escuela de la cuidad norteamericana de Filadelfia, en Pensilvania, donde concurrían indios y blancos a las clases, los primeros habían obtenido por su aplicación, nueve de diez premios en un mes: “!Qué contenta estaría (Helen Hunt Jackson, n. de j.m.j.)… que hizo en pro de los indios con un libro de lo que la Beecher-Stowe hizo en pro de los negros con su Cabaña del Tío Tom, Helen Hunt Jackson, que escribió esa novela encantadora de la vida californiana, ¡Ramona!. (…)” anotó Martí.

El padre de Harriet, el pastor protestante Lyman Beecher, procedía de Inglaterra.
Martí lo recuerda en sus crónicas con estas palabras: “En los tiempos de Lyman los estudiantes se apellidaban con los nombres gloriosos de la Enciclopedia. Todos sabían de memoria La Edad de la Razón, de Tomás Paine; todos, como Paine, jugaban, se embriagaban, adoraban sus primos y sus remos (…) Lyman, que empezó en el seminario…, salió de él pastor elocuente. Componía sus sermones vagando por el campo.”

Y agrega Martí: “Ese padre vehemente tuvo Beecher, y una madre que a la sombra de los árboles gustaba de escribir a sus amigas cartas bellas, que aún huelen a flores-dice Martí-(…) Harriet, la que había de escribir La Cabaña del Tío Tom, quería que le hiciesen una mañeca; allá adentro, en la sala, discutían los postores, envueltos en el humo de sus pipas; ornaban las ventanas la penetrante madreselva (…) Durante el invierno, leía el pastor, rodeado de sus hijos, los patriarcas de la lengua: Milton, austero como San Juan; Shakespeare, que pensaba en guirnaldas de flores; la Biblia, fragante como una selva nueva. O bien, mientas los hijos ponían la leña en las pilas, les constaba el pastor cuentos de Cromwell”. (p.814, en el periódico El Partido Liberal, México, 2 de abril de 1887).

Del hermano de la Beecher -Stowe, Henry Ward Beecher que al igual que el padre, fue hombre de fe; luchador por la igualdad que el hombres en Norteamérica, y por tanto, defensor de los esclavos, nos dice Martí: “era el pastor, el sacristán, el apagaluces; su parroquia, (en Plymouth, Nueva York n. de j.m.j.) era de ganapanes; recibía, como su padre, trescientos pesos al año (…) Y aquel pastor elocuente … aquel defensor enérgico en el Estado…hablaba más de los derechos del hombre que de los dogmas de la Iglesia”.

Sin embargo, observa Martí en otra crónica, Henry Ward Beecher nunca llegó, a diferencia de su hermana Harriet, a ser maestro de la palabra escrita. Pero en él había mucha “fuerza para adorar la libertad” lo mismo que en Harriet. Era su oratoria en el púlpito, dice Martí, “batallante y esmaltada”, que “tuvo pronto por administradora a la nación. Y cuando Inglaterra-la tierra de sus antepasados, n. de j.m.j. – ayudaba a los Estados rebeldes, a los dueños de esclavos, él se fue al corazón de Inglaterra; la hizo reír, llorar, avergonzarse, celebrar en él la justicia de su pueblo”.


Los Beecher, según anota Martí, venían de “antepasados vigorosos; de una partera puritana, que sacó al mundo mucho hijo de peregrino cuando aún no se había podrido la madera de la Flor de Mayo (…) del pastor Lyman Beecher …, en quien culminó  la fuerza exaltada, nomádica y agresiva de aquella familia de puritanos menestrales”.

Henry, el hermano de Harriet, rescató a esclavos perseguidos, esclavos cimarrones, y los llevó a su iglesia; los llamó al pulpito y celebró con ellos su libertad; pero antes, le dio vida y fe como criaturas de Dios. Harriet, logró en su novela celebrada, La Cabaña del Tío Tom, poner al servicio de la campaña, la abolición de la esclavitud. “Todo lo creado por Dios”, nos dice Martí en una de sus crónicas, fue defendido por los Beecher “con amor y justicia”, ¡y mucha entrega!.

El problema de la esclavitud en Norteamérica había llegado en las décadas de los 40 y 50 del siglo XIX, a convertirse en tema obligado de la vida de ese país.  Abraham Lincoln antes de llegar a la Presidencia debatió en muchos escenarios la situación de los esclavos. Su carrera política la fundamentó en cómo solucionar este dramático problema; y durante su Administración (1861-1865), como es sabido, hizo realidad la emancipación de los esclavos. Perdió su vida tras un fanático esclavista del Sur dispararle a la cabeza aquella triste noche del 15 de abril de 1865, en el Teatro Ford, en Washington, D.C.

Las conmovedoras palabras de Lincoln a la pequeña de tamaño, pero extraordinaria mujer Harriet Beecher-Stowe, cuando la llevaron ante su presencia, en plena Guerra Civil, a la Casa Blanca, aún resuenan en la historia de la Patria norteamericana, hecha para defender a los humildes esclavos, y que la Beecher habiendo “nacido entre altos” plasmó magistralmente en las páginas de su obra, haciendo llorar a sus lectores.

Cuando visité, el digno y elegante hogar de Harriet Beecher-Stowe, en el otoño del 2012, y que está ubicado en Hortford, capital del estado de Connetticut, justo al lado de la del también célebre novelista norteamericano, Mark Twain, vinieron a mi mente estas palabras de Martí, escritas para recordar a su hermano Henry: “Grande ha sido, porque fustigó sin miedo a su pueblo cuando lo creyó malvado o cobarde; y, para extirpar de su país la esclavitud del hombre, hizo a su lengua himno…”

Nueva Jersey, USA.
9 de Abril de 2013.

lunes, 6 de mayo de 2013

EN LA TUMBA DEL PRESIDENTE ULISES S. GRANT

0 comentarios


                                                   Por Jesús Méndez Jiminián

"Grant es ese, que se ha traído las botas de campaña a la Casa Blanca, y yerra. No hay faena más complicada y sutil que la del gobierno, ni cosa que requiera más práctica del mundo, sumisión y ciencia".~ José Martí (1853-1895)

El mausoleo donde hoy reposan los restos mortales del décimo–octavo Presidente norteamericano, General Ulises S. Grant (1822-1885), y su esposa, Julia Dent Grant, es el más grande construido en ese país. Y constituye una de las visitas obligadas,
en Nueva York, para uno conocer la historia de la Guerra Civil (1861-1865), así como también la figura legendaria del victorioso comandante de las fuerzas de la Unión durante el gobierno de Abraham Lincoln.

El Presidente Grant, han afirmado, gozaba  de una extraordinaria popularidad entre los estadunidenses a la hora de su muerte, acaecida en Nueva York el 27 de abril de 1885, producto de un cáncer en la garganta. Se atestigua, que alrededor de un millón de personas presenciaron aquel cortejo fúnebre.

Cuando Lincoln designó a Grant, en medio  de la guerra, como General en Jefe del ejército de la Unión, a él le tocó dirigir unos doscientos cincuenta mil soldados, que pelearon por la libertad. Grant había peleado antes en la guerra México-estadounidense donde llegó a Capitán, y que él calificara como “la guerra más injusta jamás habida”. Hay quienes apuntan  que esta guerra él aprendió a beber alcohol sin control. La Guerra Civil norteamérica, después de una breve pausa, le llamó de nuevo. Quedaban atrás para Grant, la agrimensura, los billares y los malos negocios en que se envolvió como civil por aquellos años. Renacerían de nuevo en su mundo las artes militares, aprendidas desde muy joven en la academia de West Point.

La figura y el liderazgo de Grant como militar fueron determinantes en los fieros combates de la Guerra de Secesión.
Al Presidente Lincoln llegaron muchas noticias de su valentía  y arrojo. Pero también, de sus grandes borracheras en medio de la guerra. Al enterarse de aquello, Lincoln quiso saber el brandy que bebía Grant, para enviarle a los campos de batalla algunas barricas. ¡Grant no tuvo paz!.

Asesinado Lincoln (1865), la popularidad del General Grant fue en ascenso entre los norteamericanos, que le eligieron para Presidente por dos periodos (1869-1877). Sin embargo, su Administración estuvo salpicada de grandes escándalos, de soborno y corrupción, por las malas artes de sus acólitos. Pero él siguió siendo para el pueblo estadounidense símbolo de grandeza y de libertad. Grant en los negocios fue pésimo. Como político fracasó. En los negocios llegó al borde del precipicio, del que fue “salvado” por Vanderbilt, el magnate ferroviario y de los barcos. La mujer de Grant, Julia, por él llegó a hipotecar sus bienes, para cubrir las grandes deudas en que le metieron sus amigos y socios.

Grant, al ser diagnosticado de cáncer en la garganta, comenzó a escribir sus Memorias (Personal Memories, 1885), logrando vender en su primera tirada alrededor de medio millón de ejemplares. Pero la muerte pronto le arrancó la gloria, y la vida… Los soldados que con él pelearon en la guerra, incluyendo los que le adversaron, desfilaron días antes de su muerte pasando frente a su casa en señal de heroísmo guerrero; con una leve y nostálgica sonrisa Grant mostraba ante ellos, su complacencia y orgullo al recordar aquellos memorables días. ¡Qué grande hombre fue Grant, el miliar! pese a que halcones y rufianes que estuvieron a su lado, le llevaron en osada y descabellada política a conquistar pueblos ajenos.

Hoy sabemos, que tras la muerte del Presidente Grant, el entonces alcalde de Nueva York, William R. Grace, donó el terreno a orillas del rio Hudson, cerca de Harlem, para la construcción de aquel gigantesco memorial diseñado por el arquitecto norteamericano John H. Duncan. Se recaudaron unos 600 mil dólares. “La tumba de granito de 46m de altura está formada por una rotonda abovedada circundada por columnas dóricas, que se elevan sobre una base cuadrada. Sobre la entrada hay una placa inscrita con las famosas palabras de Grant: “Tengamos paz”, flanqueadas por figuras esculpidas de la Victoria y la Paz”.

En el interior de la tumba, de planta cruciforme y construido en mármol de Carrara, se inspira en la tumba de Napoleón, en París. Los mosaicos que hay sobre las ventanas recrean las victorias militares de Grant y la rendición de Lee (Robert L., el valiente militar, líder de los Confederados, n. de j.m.j.) en Appomattox. Una doble escalinata desciende hacia la cripta donde reposan Grant y su esposa, Julia Dent Grant. A la largo de la pared verá los bustos de los generales de  Grant”: William T. Sherman, Phillip Sheridan, Thomas, Ord y McPherson; pero, antes de descender por las escalinatas, en uno de los extremos, se destacan tres banderas norteamericanas, usadas en la guerra, que recuerdan aquellos memorables días.

Ulises S. Grant es hasta hoy el único Presidente norteamericano enterrado en la cuidad de Nueva York,. Este 27 de abril se cumple el 116 aniversario de este gran mausoleo en honor a Grant, que fue inaugurado en 1897 por el Presidente William McKinley. Recordando la gloria del General Grant, José Martí, en unas crónicas que escribió en su memoria, dijo: “El carácter en la paz es más difícil que la fortuna de la guerra”.

Al visitar el mausoleo del General Grant, en Nueva York, el pasado 6 de abril de 2013, comprendí una vez más cuán celoso es el noble pueblo norteamericano de sus héroes, de su historia y de sus recuerdos.



Nueva York, USA.

8 de abril de 2013.

lunes, 22 de abril de 2013

LAS AMANTES DE LILIS

0 comentarios


Por Jesús Méndez Jiminián

En la iglesia de Santiago
enterraron a Lilís
y hasta la virgen decía
sáquenme al diablo de aquí’’.

          En el ‘’Cancionero de Lilís” 
           de E. Rodríguez Demorizi.    


A Robert Rabin en Vieques, a Samuel Lebreault en New Jersey, y a José Serulle Ramia (Ché), en Trinidad y Tobago.

La vida republicana de nuestro país, que hasta nuestros días tiene cerca de 169 años, ha sido dirigida durante algo más de un siglo por 7 gobernantes: Santana (11 años); Báez (15 años); Lilís (16 años); Horacio Vásquez (7 años y medio); Trujillo (31 años); Balaguer (22 años) y L. Fernández (12 años)

.


Con algunos de estos gobernantes en el ejercicio del poder, hemos padecido al menos cuatro dictaduras; escándalos de todo tipo, y una secuela de males que todavía nuestra sociedad, en pleno siglo XXI, no ha podido superar: analfabetismo, falta de agua potable y energía eléctrica, pobreza extrema y una asfixiante deuda externa, para tan sólo citar algunos.

Que sepamos nosotros, al día de hoy, de estos siete gobernantes, al menos tres, tras su paso por el poder han tenido una desordenada y escandalosa vida sexual: Buenaventura Báez, Ulises Heureaux y Rafael Leónidas Trujillo.

Lo anterior significa, que en estos tres personajes de la historia dominicana los males que nos han afectado como nación han quedado a un lado para dar paso a su desenfrenado apetito sexual. Vale decir, que la Presidencia de la República ha sido como una especie de trampolín para sus estridentes ansias y deseos sexuales; y, como una tipología en los tres, su virilidad en una determinada etapa de sus vidas se vio seriamente afectada.

En el caso que ahora nos ocupa, el del General Ulises Heureaux, Lilís, cuando contaba con algo más de los 50 años, y más de una veintena de mujeres en su haber, ‘’sus energías viriles decayeron’’, se dice de forma estrepitosa. De él abordaremos sus enredos pasionales que fueron suficientes para escandalizar sus períodos presidenciales de una duración de aproximadamente 16 años; y, haremos mención de una niña de la alta sociedad santiaguera que siendo él Presidente de la República embarazó, y , con la que tuvo dos hijas reconocidas.

¿QUIÉN ERA LILÍS?

Don Américo Lugo (1870-1952) calificó a Hilarión Level, hijo natural de la santomeña Josefa Level y del ciudadano de origen haitiano D’Assá Heureaux, y que luego se convirtió en Ulises Heureaux, Lilís como un ‘’hombre extraordinario (que) a todos engañó, a todos venció, a todos gobernó con ilimitada autoridad (…) estableciendo finalmente un centralismo monstruoso… ‘’ en la República Dominicana.

Por otro lado, señala Emilio Rodríguez Demorizi citado por Mu-Kieng Adriana Sang Ben en su obra ‘’Ulises Heureaux. Biografía de un Dictador’’, que era Lilís, ‘’El muchacho que bañaba el perro de Fransuá Dambuá’’ (p. 9) en Puerto Plata. Así que, además de lo anterior, por su color y físico, Lilís, fue objeto cuando niño, adolescente, joven y hasta siendo Presidente de la República, de burlas que en ciertos momentos le valieron de ‘’argumento a sus adversarios políticos para combatirlo’’, o al menos, tratar de ridiculizarlo.

Sin embargo, ante tantos infortunios de la vida, Lilís, frecuentemente utilizaba la frase ‘’prudencia, tino y paciencia’’ contra sus enemigos, mientras le preparaba su final del mundo terrenal con estoicismo y frialdad, pese a que algunos lograron zafarse de sus garras.

En su obra ‘’Cosas de Lilís’’, Victor M. de Castro, de lo último que hemos anotado sobre su persona, ha señalado lo siguiente: ‘’Hombre de color sin atenuantes Lilís, tuvo que saborear, en los comienzos de su vida pública, algunas decepciones; pero él, superior a su color y superior a esas preocupaciones, siguió imperturbable su camino hasta adquirir la más alta jerarquía, y el más elevado predominio que hombre alguno adquirió en su Estado Constitucional’’. (p.54).

‘’Era Lilís – apunta de Castro en su citada obra – hombre acicalado y pulcro. Vestía con elegancia y se cambiaba de ropa diariamente. Impecable y esmerado en las buenas maneras, no se avenía con los modales incorrectos o bruscos’’. (p.32).
Otros estudiosos de la vida y obra de Lilís, han señalado de su recia personalidad, con mucho acierto, estos adjetivos que copiamos: ‘’inteligente, predominante, acucioso, astuto, sagaz, oportuno, discreto, esmerado, cruel y espléndido. Valiente en toda la extensión de la palabra y de un tacto exquisito y nada común. Eso era en síntesis Lilís’’.

Rufino Martínez, historiador puertoplateño, en su libro ‘’Deschamps, Heureaux y Luperón’’ anota que Lilís logró crear, pese a muchas adversidades, ‘’una aureola de inmortal o de ‘’Vacá’’, debido a sus supuestos arreglos con los espíritus, para lo cual visitaba los brujos de varias localidades, notoriamente’’. (p.180).

Con mucha pompa vestía Lilís en público. El mismo Rufino Martínez ha señalado al respecto, que ‘’Los vistosos uniformes de gala que tenía Lilís en público, con sus insignias y medallas (…); los honores y los desfiles apoteósicos que se hacía organizar, llenos de solemnidad’’, se constituyeron en mecanismos de respuesta contundente a sus adversarios y detractores, de que él y sólo él, era poseedor absoluto del dominio político del país. En muchas ocasiones puso a desfilar Lilís ante su persona, cosa que luego fue copiada al pie de la letra por Trujillo, a los empleados públicos de todas las dependencias estatales, comerciantes, trabajadores azucareros, inmigrantes, y otros sectores de la vida nacional, cuyos interlocutores pronunciaban encendidos discursos laudatorios a su persona.

En la obra ‘’El Estado Dominicano. Origen, evolución y su forma actual, 1844-1982’’, Nelson Moreno Ceballos ha planteado que Lilís, desde su primer gobierno (1882-1884) ‘’se fue haciendo de relaciones propias con los comerciantes y azucareros del Sur y atrayéndose a su lado viejos políticos del antiguo Partido Rojo de Báez, y del propio Partido Azul… fue construyendo su propio poder político y desplazando progresivamente el liderazgo de Luperón, hasta quedarse con el poder. Definitivamente en 1887 – dice Ceballos –, destruyó el Partido Azul y organizó una forma despótica, tiránica y absoluta de dominio, en torno a su persona, utilizando el Estado como medio de integración política y de control’’. (pp.178-179).

Más adelante, Ceballos nos describe lo siguiente que copiamos: ‘’Sin escrúpulos morales, Lilís  era un consciente estudioso de Maquiavelo y un conocedor instinto de la psicología y las costumbres y modos dominicanos de la época.

Como mecanismo de hegemonía hacia el pueblo, Lilís, utilizaba el carisma de su persona, su diplomacia estudiada y las concepciones tradicionales del pueblo; por ejemplo – destaca Ceballos –, se hizo de una enorme cantidad de ‘’compadres’’ en cada pueblo y de ‘’queridas’’, que le servían de informantes y le agenciaban influencia’’. (p.180). Trujillo luego, en su larga dictadura, potencializó a la enésima estos detalles lilisianos del poder.

DESCHAMPS Y LUPERÓN CONTRA LILÍS

Indicaba Eugenio Deschamps, uno de los más acérrimos críticos de Lilís en el más amplio sentido de la palabra, que éste ‘’para el ejercicio de tan omnímodo poder mueve los poderosos resortes…’’ de todo cuanto quisiese alcanzar y lograr.

Deschamps señalaba también, que Lilís haciéndose pasar por brujo lo tocaba todo, haciendo de cada ser humano ‘’un perro de presa’’. Tenía, anota, personeros suyos, cuya tarea consistía en ‘’reclutarle queridas’’, que eran paseadas en el coche Presidencial por sus ministros ‘’para ganar bien la cartera’’. Así que, muchas de las presas femeninas que se entregaban al Dictador, además de ser paseadas ‘’por las calles de la nueva Sodoma que se llama Santo Domingo de Guzmán’’ como decía Deschamps, también eran objeto de regalos, incluyendo las famosas ‘’Papeletas de Lilís’’, que en su CÓDIGO DE LA MUERTE se describía con la palabra ‘’lalaud’’.

A las mujeres que se echaban en sus brazos, Lilís las corrompía convirtiéndolas en amantes de largo o corto tiempo dependiendo y, en espías de sus horrores y fechorías desde el poder. Hay quienes han asegurado que en cada pueblo del país, Lilís tenía al menos una ‘’querida’’ o amante, que servía a sus propósitos con lealtad y hasta con orgullo, para cuyos ‘’honorarios’’, se dice, Lilís tenía una lista reservada de gastos ‘’que denominaba ‘’de policía secreta’’.

Deschamps en una de sus notas sobre Lilís al tocar este aspecto, destaca el hecho de que éste ‘’abandonó a su esposa, que es mujer honrada, para entregarse al más espantoso desenfreno, no hay población de la República donde no tenga una querida. Ello no obstante, va a la iglesia, se arrodilla y reza, como ciertos bandidos italianos que, después de asesinar a un hombre, hacen acto de constricción, volviendo luego, sin embargo, a las andadas. Este indigno farsante – prosigue Deschamps diciendo – cree, además, en los milagros de la Virgen de la Altagracia, que, piensa él, de un vagabundo hizo un Presidente de la República’’.

En sus ‘’Notas Autobiográficas’’, el general Luperón por su parte, decía que Lilís, a la Patria la ha ‘’querido como a una concubina y no como a una madre grande, severa y generosa’’. En pocas palabras lo decía todo.

Pero agregaba Luperón, que ‘’… Ulises Heureaux es un traficante de vidas y haciendas, sin que haya para este inquisidor hombre honrado ni mujer casta en el país… su mayor gloria – añadía – es el libertinaje y la crueldad’’.

Desde San Tomás, donde se encontraba autoexiliado Luperón tras los desengaños sufridos con Lilís, en una hoja suelta que puso a circular en nuestro país fechada el 29 de enero de 1895, y ante las aclamaciones de Lilís de querer entregar la República a los americanos, decía estas palabras que retratan de cuerpo entero al dictador: ‘’Así es como todo perece con Heureaux: la democracia, esa grandeza de la libertad; la cultura y la justicia que habían conquistado la independencia y la República las destruye con sus abusos y sus excesos, precipitándolos a la ruina, porque profesa odio implacable a su grandeza (…). Él ha fomentado la traición, la delación por oficio, el espionaje (a través de sus amantes, n. de j.m.j.), la relajación con el lujo y la molicie, y las meretrices corrompen las costumbres’’. (p.448, en ‘’General Gregorio Luperón. Primera espada de la Restauración’’ de Francisco A. Spignolio).

Pero Luperón había influido mucho en Lilís, no sólo en su vida militar, sino también en el baile, y las fiestas. En sus años de juventud, anota Rufino Martínez en su citada obra, Lilís conoció y manejó a la perfección ‘’las habilidades y picardías’’ de los marineros, y hasta pulpero fue. En la parte alta de la ciudad de Puerto Plata abrió una pulpería, que se convirtió en la favorita de los campesinos y las campesinas de la zona, ya que Lilís los complacía e incluso los ensalzaba con sus habilidades. ‘’En sus salidas al campo – dice Martínez– , casi todos los domingos cuando estaba en Puerto Plata, siendo un mozalbete, Lilís acudía a las fiestas; se adiestraba en el baile del merengue, zapateo, olé y sarambo’’ propios de la época (p.70). Así que en aquellas parrandas dominicales aprendió a ‘’pescar’’ a muchas de sus presas femeninas.

‘’Cuando adolescente, se decía que era un muchacho arbulento. (palabra que significaba persona de mucha viveza y proyectilita). Pero no bien empezó a vivir la vida del mundo, fue víctima de las estocadas que en forma de picardías, desprecios y burlas, no siempre veladas, echaron por tierra su contento ingenuo. Entonces, como recurso defensivo, y ofensivo tal vez, se revistió de una humildad que día por día fue amoldando al espíritu, hasta formar de ella hábito engañoso y convencional. Aquel ropaje ficticio, sobre el cual se estrellaron equivocadamente mil pretensiones de los compañeros, fue a manera de blindaje del que jamás pudo desprenderse’’. (p.72).

En 1876, es decir, después de una dilatada carrera militar, pese a su juventud, Lilís estaba en convalecencia producto de una  herida de bala recibida en Juana Méndez, Haití. En aquellas circunstancias, anota Rufino Martínez, una haitiana ‘’cuarto bate’’ se apiadó de su estado, ‘’y (se) apasionó del tipo por su rareza y fuerza de voluntad, y lo recogió … y le aceleró la cura (…) aquel tremendo golpe, lejos de amilanarle, rebustecíale la confianza en sí’’. (pp.72-73). El nombre de aquella amante de Lilís era Francoise, o Francisca en español.

Durante su exilio en Nueva York, Eugenio Deschamps publicó un folleto    que intituló Réprobo; era una despiadada crítica a la tiranía de Lilís y a su persona. En estos apuntes, Deschamps dice lo siguiente de Lilís: ‘’Era meloso, flexible, perspicaz, insinuante, amenazador y sanguinario. Conocía a sus conciudadanos y sabía el modo de ganárselos. A unos los acariciaba, a otros los compraba, al de más allá le hacía creer que las condiciones del teatro determinaban el carácter de su acción, a los otros los fusilaba o los hacía asesinar, aterrorizándolos a todos; por tal suerte, en la presidencia o fuera de ella, se atrajo a todo el mundo, fue durante veinte años, o sea desde 1879 hasta su muerte, el arbitro de los destinos de su pueblo’’. (pp.549-550, en ‘’Eugenio Deschamps. Antología’’, compilación de Roberto Cassá y Betty Almonte).

‘’DETALLES’’ DE LILíS PARA CONQUISTAR LAS MUJERES

Lilís tenía un don muy especial para engalanar o conquistar las mujeres, independientemente de su edad, posición social o estatus. Cuenta Rufino Martínez en su obra, que en una ocasión después de un ataque realizado por las tropas de Lilís en un lugar denominado El Sillón de La Viuda, éste ‘’Hizo alto en el mismo sitio donde estuviera establecido… el campamento enemigo’’. Allí, ‘’Una señora que acaso frisaba en los sesenta años, habitante del lugar y sirvienta del Presidente (Cesáreo Guillermo, n. de j.m.j.) cuando sus tropas se estacionaban.., no ocultó su temor y desagrado al notar la presencia de los revolucionarios encabezados por el negro brujo llamado Lilís. Prontamente concibió éste la idea de ganarse la amistad de la vieja. Mientras ella pilaba café en la cocina, él, sentado sobre una piedra le hablaba con la mayor franqueza y en tono campesino. Servido el café, le puso en las manos un centén (‘’moneda de oro o cinco pesos’’, en su época n. de j.m.j.), que, al ocasionarle sorpresa, por no estar acostumbrada a ser favorecida con semejante liberalidad, la movió a mirar con buenos ojos al recién llegado. Colocadas que hubo Lilís las tropas en los puntos estratégicos, volvió a casa de la vieja, y encontrándola rezando, por ser el instante de la oración, la acompañó en los rezos, de lo que quedó ella admirada. Esa noche durmió (Lilís, n. de j.m.j.) bajo el alero de la casa y al pie de su caballo. A la hora del alba prendió el fogón de la cocina y aguardó a la vieja para el café, que él endulzaba con raspadura hecha en el Cibao y llevaba en la cartuchera. Eran ya amigos. Y por lo mismo conoció seguido los planes del adversario’’ cuyo número era superior a los suyos, y a los que logró vencer.

ALGUNAS DE LAS ‘’COSAS DE LILÍS’’ EN LA VEGA

La figura del general Ulises Heureaux (1845-1899), Lilís, estará siempre ligada históricamente a La Vega. Pues, su padre, el señor Dassá Heureaux, de origen haitiano, durante el gobierno de ocupación militar de ese país (1822-1844), ejerció, en La Vega, las funciones públicas de Administrador de Hacienda, indica Mario Concepción en su obra ‘’La Concepción de La Vega’’.

Pero hay más. Lilís, en plena Guerra Restauradora  estuvo por aquí con el general Gregorio Luperón quien ocupó las funciones de Gobernador de la Provincia. Y, tal y como apunta Guido Despradel Batista en su obra ‘Historia de La Concepción de La Vega’’, el parque de recreo que ‘’fue construido en el año 1897, cuando el padre Alejandro Adolfo Nouel y Bobadilla era presidente del Ayuntamiento (vegano, n. de j. m. j.)’’, tenía ‘’ un bonito enverjado de hierro, el cual fue regalado por el presidente Ulises Heureaux’’, y cuyos primeros bancos que se usaron, también fueron donados por Lilís y por don Casimiro N. de Moya, cuando era su vicepresidente.

Además, una de las últimas cartas despachadas por Lilís, que tiene fecha 25 de julio de 1899, y que fue dirigida por él a su estimado amigo Pedro F.  Bonó, el día antes de su asesinato en Moca, la redactó en La Vega. Y aquí Lilís, antes de acudir a su encuentro con la muerte fue despedido por sus grandes amigos veganos: don Zoilo García, Pedro A. Bobea, Federico García, entre otros, quienes le observaron del peligro que corría su vida al dirigirse a aquel lugar.

Cuenta Víctor M. de Castro en su obra ‘’ Cosas de Lilís’’, que una vez encontrándose éste en La Vega, tenía un enemigo acérrimo, el general Lozano, figura prominente del moyismo con cuya esposa acudió éste al matrimonio de una hija de ambos aquí.

Lilís, que se  encontraba precisamente en La Vega, al enterarse de la boda llamó a su compadre, el general Losoi, que era Gobernador y Delegado de su gobierno para que le hiciera un ‘’favor’’.’Necesito, compadre, - le dice Lilís - que me consiga un hombre que me sirva para todo. Óigalo bien: que sirva para todo’’.

Apareció inmediatamente el hombre, y su jefe le dio por encomienda desaparecer, sin que absolutamente nadie lo encontrara, el caballo de la esposa del general Lozano antes de que terminara la boda.

El hombre cumplió la encomienda al pie de la letra, y al terminarse la boda, la señora Lozano se da cuenta de que su caballo no aparece ni en los ’centros espiritistas’’. Enterado Lilís de lo que le ocurría a la señora, se le acerca, y ella llorosa le informa de lo sucedido, que ya él de antemano sabía. Lilís toma por decisión desmontarse de su caballo preferido y se lo regala a la señora para así consolar sus lágrimas.

La señora Lozano al llegar a su casa, muy contenta por cierto, en el caballo del Presidente que ya era suyo, le cuenta a su marido lo sucedido, haciéndole hincapié en la generosidad y caballerosidad de Lilís: ‘’¡Qué hombre más atento y más amable y más fino! Tú tienes que hacerte amigo de él’’, le terminó diciendo al marido.

‘’A los dos días almorzaba el General Lilís, previa invitación en casa del intransigente Gral. Lozano y era objeto de cordialísimas y encendidas protestas de amistad’’, concluye de Castro señalando en ‘’Cosas de Lilís’’.

BONÓ HABLA DE LILÍS

Ante los resonantes triunfos militares obtenidos por Lilís,  pese a su juventud, en los fieros combates que libró en el Sur por aquellos días, muchas mujeres, sobre todo, tenían interés de conocer a aquel súper-héroe, que entraba en cierta ocasión triunfante a una de las comarcas de la zona. ‘’A su entrada en la ciudad, algunos curiosos, atraídos por la nombradía que acompañaba a los jefes triunfantes, mostraron vivo deseo de conocerle’’, en especial al guapo de Lilís. ‘’Cuando se toparon con un tipo de pocas carnes, la tez mulata, la barba rala, el pelo duro, la voz algo melosa y el continente sin visible poder de atracción, no pudiendo contener la sorpresa, con un poco de desprecio, exclamaron: ¡Ah, yo creía que era otra cosa!’’.

Sin embargo, muchos años después de este episodio, el señor Smith W. Weed, presidente de la Santo Domingo Improvement Company, emitía al ser enterado del asesinato de Lilís estas palabras: ‘’Al general Heureaux, lo conocí por varios años y puedo asegurarles que fue un hombre elegante, de finos modales que cuando vestía su traje militar lucía impresionante’’. (p.37, en CLIO, ‘’Magnicidio del general Ulises Heureaux. Su impacto noticiosos en el exterior’’ de José C. Novas, Año 67, No.160, Enero- Junio de 1999).

Tan seguro de sí actuaba Lilís,que en cierta ocasión le comentó a Bonó esta frase: ‘’Todo arreglado como un papel de música’’. (Carta de Lilís a Pedro F. Bonó de fecha 22 de noviembre de 1882). Bonó por esas cosas de la vida, estando ya Lilís en el poder (1882-1884), como si adivinase que la dictadura lilisiana estaba al entrar por las puertas de la historia nacional, le escribió a Luperón en ese mismo año, 1882, una carta en la que decía lo siguiente: ‘’No tengo el honor de conocerle (a Lilís, n. de j.m.j.) pero sus actos oficiales hablan por él. Desde que entró en la vida pública ha sido consecuente, ha demostrado ser el militar más afortunado, y uno de los más valerosos que tenemos, prudencia, tino, fortaleza y  templanza no le faltan pero estas cualidades sobresalientes no modificarán en manera alguna la condición de los espíritus y de las tradiciones dominicanas. Aquí está el peligro’’. (pp.35-36, en ‘’Papeles de Pedro F. Bonó’’  de Emilio Rodríguez Demorizi).

Y no se equivocó Bonó. El tiempo le dio razones de sobra para aquello. Ya estando bien engrasada la dictadura de Lilís, por allá por el año de 1895, era el gobernante, blanco de fuertes críticas en todo el país, y en especial en Santo Domingo, San Pedro de Macorís y Santiago de los Caballeros, por el despilfarro del dinero público que hacía. Pues, Lilís llegaba a los sitios públicos y ordenaba, - o lo hacía él personalmente-, repartir papeletas por  doquier ‘’atando cabos – dice Arturo Bueno – en regalos y dádivas cuantiosas’’, incluidas amantes suyas en Santiago. En todos los bautizos que hacía, que Vetilio Alfau Durán dice que fueron centenares en el país, repartía mucho dinero. Se menciona también, en Santiago, el caso de Juan Antonio Alix, el famoso decimero costumbrista, que para escribir  loas a Lilís y su régimen, recibía ‘’ por la izquierda’’ las famosas ‘’papeletas’’ del tirano.

Todo lo señalado fue tanto así, que en cierta ocasión, su amigo y colaborador, el licenciado Augusto Franco Bidó, se le  quejó por el regalo en efectivo que le hizo a un compadre de Bidó. Lilís en el acto, escuchó muy atento aquella queja, y luego sin inmutarse le dijo a su interlocutor: ‘’Pues no tenga usted cuidado, don Bidó; que usted como compadre de ese señor, comerá de la puerca…’’. (p.92, en ‘’Santiago quien te vio y quien te ve’’, tomo I de Arturo Bueno).

DE MUJERES, AMANTES Y ALGUNOS DESCENDIENTES DE LILÍS

La vida de Ulises Heureaux, Lilís, en el aspecto sentimental está marcada por el desorden y el desenfreno. Hay incluso quienes han llegado a señalar que producto de ello sus ‘’energías viriles decayeron cuando apenas contaba con poco más de 50 años’’; es decir, antes de su asesinato en Moca, del que, destaca Edwin R. Espinal H. en su trabajo titulado ‘Descendencias Presidenciales: Ulises Heureaux’’,’fue advertido por su amante y confidente Evangelista López (La Cigua)…’’.(Véase en ‘’Areito’’, sección sabatina del periódico Hoy de fecha 31 de enero de 2009).

Para el año de 1870, Lilís ya había preñado a la joven mulata sureña Juana Ogando a quien apodaban Juanica, y con la que llegó a procrear dos hijos: Rosa y Ulises Heureaux Ogando (1870-1938), que fueron reconocidos por él.

De éste último, señala Espinal en su trabajo citando como fuente a H. Hoetink, que ‘’fue educado en su país’’ e incluso, que llegó a ser escritor de novelas y dramas de teatro.

Años después de su relación con Juanica, en 1880, Lilís se casó en Puerto Plata con la joven Catalina Flank nativa de allí, y de cuyo enlace matrimonial fue padrino en general Gregorio Luperón. Con la señora Flank, Lilís procreó seis hijos: Rosa (Rosita), Ulises, Asunción, Fenelón, Dilia Mercedes y Octavio. De una de las hijas, Asunción, apunta Espinal en su trabajo citando a Nicanor Jiménez, ’’…que Lilís, tras conocer que había casado con el puertorriqueño Francisco Sánchez (al parecer no afecto a su persona, n. de j.m.j.)- en ceremonia civil oficiada por su padre D’Assas Heureaux Domínguez –, montó cólera y se la entregó a un esbirro con órdenes de amarrarla a un árbol desnuda, teniendo como alimento un pan y jarro de agua diariamente, no sin antes haber requerido eliminar – sin suerte – a su cónyugue. El torturador se suicidó al no encontrarla, luego de que subrepticiamente su esposa la dejara en libertad no sabiéndose más de ella hasta después               de la muerte de su padre’’, Lilís. (Véase la sección sabatina ‘’Areito’’ del periódico Hoy de fecha 7 de febrero de 2009, 2da parte).

Siete años (1887) después de su boda con la señora Flank, Lilís, siendo ya Presidente de la República embarazó a la adolescente Rosa Pons Rodríguez, hija natural del prestigioso galeno cubano Eusebio Pons Agreda que ocupó, entre otras, las funciones de Encargado del Juro Médico en Santiago de los Caballeros y Presidente del Ayuntamiento , y de la señora Úrsula (Lolita). Con ella tuvo dos hijas. Ambas hermanas fallecieron contando con más de cien años de edad cada una.

‘’Otros hijos de Lilís – destaca Espinal – fueron Belisario Heureaux, residente en La Habana en 1912; Ulises Heureaux  Ariza, Casimira Heureaux y Ulises (Oguí) y Rosa Herminia (Mina) Heureaux Pérez, estos dos últimos hijos de Andrea Peña. Ulises, quien firmó siempre con su apellido materno, procreó con María Luisa Guzmán Domínguez ocho hijos que no reconoció: Daisy Dilia, Candelario (Candi), Armando (Mando), Arismendy (Mendo), Miñan, Ulises, Próspero y Enoima Guzmán, nacidos en Villa González’’, municipio de la provincia de Santiago. (Ibid).

Como puede observarse de lo anterior, Lilís tenía un código sentimental. Le atraían las mujeres que tenían por nombre Rosa, quizás y no lo sabemos, como un acto de veneración y ‘’amor’’ hacia la mujer que lo crió y educó en sus primeros años, en Puerto Plata, Mademoiselle Rose. Y para sus hijos le encantaba el nombre de Ulises, y para sus hijas el de Mercedes, nombre de una de sus hermanas, quizás su  favorita. Que sepamos hoy, a ninguna de sus hijas le puso el nombre de Josefa, en honor a su madre biológica Josefa Level. ¡Cosas veredes Sancho!

LA HIJA DE LUPERÓN ENFRENTA A LILÍS

El día 2 de junio de 1898, Lilís se encontraba de visita por Puerto Plata. Cerca de mediodía se dispuso a visitar a la hija de su compadre y mentor político, el ya fallecido general Luperón: Luisa Luperón Tavares, y a la familia.

Las cosas con Lilís, pese a las últimas atenciones en vida que le dispensó al egregio restaurador no andaban bien con aquellos familiares. La visita de cortesía se le volvió a Lilís un infierno. Pues, Luisa tenía noticias de los recientes asesinatos encargados por Lilís en la zona, y de Monte Cristi en particular, donde habían sido pasados por las armas personas allegadas a su familia. La propia Luisa cuenta en unos escritos que dejara para la posteridad, y que aparecen en la obra citada de Francisco A. Spignolio, cómo sucedió aquello de la visita de Lilís ante su madre y su abuela.

‘’Llegó Lilís – dice –. Lo recibieron mi abuela y mi mamá.
Preguntó él: ¿Y Luisita? – le dijeron: A ella le duele la cabeza y está acostada. Insistió tanto en verme – comenta – que mi abuela abrió la puerta para decirme,  ven que él desea hablar contigo. Contesté, pero a gritos: ‘’No quiero ver a ese asesino. Que se largue de aquí. Ese hombre ha acabado con todo lo más selecto de este país. ¡Qué sed de sangre tiene ese maldito!’’. (pp.528-529).
Dos cosas importantes señaló Rufino Martínez el enjuiciar a Lilís para la posteridad:


1- “… vale la pena revisar al hombre pasado por el nuevo crisol’’.(p.75); y

2- Que a Lilís se le endureció tanto el alma y el cuerpo hasta el extremo de ‘’hacerse poco sensible a los dolores físicos, y el espíritu se le templó y también endureció hasta el punto de sentir por la vida un desprecio estoico’’. (p.76).

Tulio M. Castero en su documento ‘’Por el Cibao en 1900’’ al reflexionar sobre la muerte de Lilís en Moca, el 26 de julio de 1899, apuntó que aquella tarde ‘’No fue un hombre el que sucumbió …, fue todo un horrible sistema de gobierno en el país con raros y breves paréntesis, desde 1845; fue el resquebrajamiento de la tiranía’’. (p.132, Revista ‘’EME-EME. Estudios Dominicanos’’, Volumen I, Número 4, Enero – Febrero 1973). Obra esta que al decir de Emilio Rodríguez Demorizi ‘’tuvo fatal destino’’, debido a que (en) el oprobioso régimen que padecía la República, Lilís, el férreo Ulises Heureaux, desbordó su saña contra el libro y logró destruir casi todos los ejemplares que llegaron al país. Pero – indica Demorizi – los libros como los dioses, son inmortales…’’. (Véase ‘’Escritos de Luperón’’, Colección y notas de Emilio Rodríguez Demorizi, en CLIO, Números XXXVI y XXXVII, Año VII, 8 de septiembre de 1839, p.141).

                                                                                Santiago de los Caballeros, R. D.
                                                                                17 de diciembre de 2012.