miércoles, 12 de marzo de 2014

MARTÍ Y PEDRO SANTACILIA EN MÉXICO

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Por Jesús Méndez Jiminián


“El amor, madre a la patria,
No es el amor ridículo a la tierra,
Ni la yerba que pisa nuestras plantas,
Es el odio invencible a quien la oprime,
Es el rencor eterno a quien la ataca”.
~ José Martí (1853-1895)


¡Al gran pueblo mexicano!


En el año de 1875 gobernaba en México don Sebastián Lerdo de Tejada, quien había asumido el poder a raíz de la sorpresiva muerte del gran patriota Benito Juárez, ocurrida el 18 de julio de 1872: Lerdo de Tejada desempañaba entonces las funciones de presidente de la Suprema Corte de Justicia.

Martí contaba por aquellos días con veintiocho años de edad; era muy joven, y se había graduado de abogado en España durante su exilio; había conocido por demás el presidio
“acusado del delito de infidencia”, y comenzaba a gozar entre los suyos de cierto prestigio, por su radical lucha patriótica en contra de la España que esclavizaba salvajemente a Cuba.

Sin embargo, Martí, pese a la
“poca flor de su vida” tenía ya en su haber dos importantes publicaciones: El presidio político en Cuba y, su gran artículo en defensa de su patria amada titulado, La República Española ante la revolución cubana. Ambos escritos del talentoso revolucionario cubano habían causado sensación y revuelo entre sus compatriotas por la certeza de sus argumentos.

Es de destacar aquí, que cuando Martí arriba a México procedente de Nueva York, tras una breve estadía allí, en los primeros días de febrero de 1875, ya se habían instalado años atrás en estas tierras, por allá por 1825, cubanos de nombradía, y prestigio, como por ejemplo, José María Heredia el célebre
“Cantor del Niagara”, quien falleció en Ciudad de México en 1839; y luego otras destacadas figuras que hicieron vida pública logrando alcanzar posiciones de relevancia política y social, tales como: el periodista Rafael Zayas, José Miguel Macías, José Victoriano Betancourt, Esteban Morales, Rafael María de Mendive, El poeta Alfredo Torroella, Antonio Lescano, Pedro Santacilia y Palacios, entre otros.

Sobre Santacilia y Palacios que es el caso que nos ocupa con Martí, haremos un espacio de lugar, por la gran relevancia del personaje en la vida política y social mexicana de entonces; y comenzaremos señalando, que era de origen cubano, y había conocido a Benito Juárez, tras su paso por los Estados Unidos de América en la década de los 1850, específicamente 1854, cuando el mexicano estaba como expatriado político, y para sobrevivir ejercía el oficio de
“torcedor” de tabacos en una factoría de Nueva Orleans, donde se elaboraban cigarros y puros. Ahí logró Juárez conocer, además a otros exiliados cubanos como Ponciano Arriaga y Domingo Goicuría.

Desde entonces nació en Benito Juárez, quien al cabo de unos pocos años, luego llegaría a ocupar la presidencia de los Estados Unidos Mexicanos, su amor por Cuba y su gente.

A raíz dela primera presidencia de Don Benito Juárez, periodo que fue muy tortuoso por cierto, Pedro Santacilia y Palacios llega a México, en 1862,
“para arreglar – dice Ricardo Orozco en su ilustradísima obra “Los Juárez”- algunos asuntos de negocios como socio de la firma americana Goicuría & Santacilia, pero con el paso de los meses- alentado por las facilidades del idioma y la amistad con el presidente Juárez – decidió fijar su residencia en México”.

Establecido en las “
tierras del Anahuac”, Santacilia fijó su mirada y corazón en una de las hijas del Presidente. El flechazo de cupido lo dirigió hacia Manuela Juárez Maza, graciosa jovencita de unos dieciocho años de edad. Santacilia y Palacios tenía entonces unos treinta y seis años; y mucho vuelo en la vida. Pero tenía una gracia que encantaba a Don Benito Juárez: era culto e inteligente, además de honrado y patriota.

La boda entre la hija mayor del Presidente Juárez y Pedro Santacilia se llevó a cabo en el transcurso del año 1862, y ya en septiembre de ese mismo año, el cubano asistía al Congreso Mexicano en su calidad de diputado liberal; ejercía, además la función de secretario particular de Don Benito Juárez García. Despachada, en su rol palaciego, todas las correspondencias con el Presidente, y tenia una gran influencia política en México. Era del círculo íntimo de Juárez, y ¡en muy breve tiempo! se había ganado, respeto y cariño de muchos mexicanos.

Pecho Santacilia y Palacios era oriundo de la colorida y hermosa Santiago de Cuba. Era poeta y gran orador; hijo del patriota cubano exiliado en los Estados Unidos, Joaquín Santicilia; así que, había sufrido la carne propia al igual que Juárez, las amarguras del exilio; había fundado en Norteamérica el periódico “
La verdad”, órgano de la Junta Revolucionaria Cubana que tenia su sede en Nueva York; y tenía publicadas dos obras suyas: El arpa del Proscrito y una antología poética titulada El Laúd del desterrado; a todo esto se unía su intenso activismo revolucionario de primera línea.

Santacilia, “
cubano con alma mexicana”, dice Alfonso Herrera Franyutti, nunca más se separaría de Juárez y su familia. Se convirtió para los cubanos revolucionarios en una figura de respeto, apoyo y prestigio. A tal grado que cuando estalló en Cuba, el 10 de octubre de 1868, la guerra de los Diez Años con el grito libertario de Yara, liberado por el Padre de la Patria Cubana don Carlos Manuel de Céspedes, México a través de Santacilia logró dar apoyo a los revolucionarios cubanos, gracias a sus esfuerzos y, desde luego, por las simpatías del Presidente Juárez para con esta justa causa. “Incluso se llegaron a abrir los puertos de la República (mexicana, n. de j. m.j.) los busques que navegaban bajo el pabellón cubano”.

Tras la muerte repentina del Presidente Juárez, Pedro Santacilia y Palacios conservó su posición de diputado y pasó a residir junto a su familia a una casa ubicada en la calle Tiburcio 18 de Ciudad de México. Allí lo fue a visitar José Martí en 1875 tras su llegada a México desde Nueva York, con “
muchas cartas y recomendaciones” que le traía al casi sexagenario Santa, quien lo recibió con gran emoción, y el corazón henchido de fe y patriotismo, introduciéndolo en los círculos de intelectuales, editores y amigos de la causa revolucionaria cubana en México.

Passaic, Nueva Jersey, USA.
10 de febrero de 2012.

El autor es ingeniero, escritor, miembro de la Academia Dominicana de la Historia y de la “Catedra José Martí” en la UASD.

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